How the Idea of Religious Toleration Came to the West

01/09/2005

Corrigan, John
September 01, 2005
Church History, 670, Volume 74; Issue 3; ISSN: 00096407

How the Idea of Religious Toleration Came to the West. By Perez Zagorin. Princeton, N.J.: Princeton University Press, 2003. xvii + 371 pp. $29.95 cloth.

This intellectual history proposes that during the last four hundred years a fundamental shift in values and attitudes has occurred in the West, and that the embrace of toleration is a central part of that process of change. The emergence of a critical attitude towards intolerance, and the coalescence of ideas and arguments that eventuated in a theory of universal toleration preceded, at each step along the way, the realization of toleration. In our global society, toleration to a large extent remains an unrealized ideal.

Zagorin explains how the fourth-century Christian church came to enforce religious uniformity, and, with particular attention to Augustine's writings against the Donatists, how a theory of weeding out heretics from among the faithful (drawing on the parable of the tares in Matthew 13:24-30) and of "compelling them to come in" (from Luke 14:21-23) came to serve as a biblically grounded, enduring platform for persecution of Dissenters. Luther and Calvin are cast as culprits in advancing this agenda through their anxieties about heresy, and, especially in the case of Calvin, their willingness to exercise power ruthlessly in stamping it out. The pioneering efforts of Erasmus, whose imaging of Jesus as a loving, generous, and appealingly simple manifestation of God opposed him to violence of every sort, and the vision of social solidarity based on the exercise of conscience in Thomas More's Utopia (1516) were buried under a mountain of internecine Christian slaughter in the sixteenth and seventeenth centuries. Anabaptists, persecuted throughout the sixteenth century, had little opportunity to remake the social order through their emphasis on religious groups as voluntary societies.

Miguel Serveto y los descubridores, presuntos y reales, de la circulación de la sangre

Por Miguel Ángel Pascual Ariste, co-fundador de la Servetus International Society

Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), nacido en Orense, ingresó en la Orden Benedic-tina en el Monasterio de Samos. Estudió en Salamanca y fue catedrático en la Universi-dad de Oviedo, iniciando sus escritos en el Monasterio de San Vicente. Es el filósofo español más importante del s.XVIII.

Feijoo reivindicó para España el descubrimiento de la circulación pulmonar de la sangre, tanto a favor de Miguel Servet, heterodoxo al que no debíó de ver con buenos ojos, como al del veterinario burgalés Francisco Reyna, al que destaca, por describirla en su «Libro de Albeitería» en 1552, después de que el aragonés de Villanueva de Sijena la expusiera en su Christianismi Restitutio, obra que por supuesto no pudo leer Feijóo. Servet corrige el error galénico por el cual la sangre de la aurícula derecha del corazón pasaba directamente a la izquierda, dando así a luz su hallazgo que él integra en un ejer-cicio teológico-anatómico dirigido a demostrar que el alma, entendida ésta como el es-píritu universal platónico, entra al cuerpo ya desde la primera inspiración del neonato a través de los pulmones para alojarse en la sangre que, procedente del hígado y vivifica-da en los pulmones, llega al corazón para distribuirse desde aquí por todo el organismo.

Miguel Servet, teólogo hereje que descubrió la circulación de la sangre

04/05/2005

By Juan Antonio Cebrián, Publicado en ElMundo Dominical

Sus diatribas sobre la Santísima Trinidad y sus descubrimientos sobre el torrente sanguíneo chocaron con la ortodoxia religiosa del siglo XVI. Peregrinó por Europa y provocó debates entre católicos y protestantes hasta que Calvino le condenó a la hoguera.

Este singular personaje del siglo XVI fue, sin pretenderlo, un destacado representante del erasmismo científico. Sus trabajos, ideas y conclusiones recibieron la más furibunda crítica desde todos los ámbitos religiosos del cristianismo. Un mérito poco extendido en aquella Europa dividida por diferentes formas de entender el mensaje cristiano. Aún así, el injusto juicio al que fue sometido y su innegable aportación al avance médico, gracias a su descubrimiento sobre la circulación sanguínea pulmonar, le hacen merecedor de un lugar de privilegio en la galería de personajes ilustres de la Humanidad.

Servetus Swedenborg and the Nature of God

10/05/2005

The Trinity was defined at the Council of Nicaea and the relationship of the human and divine natures of Christ was defined at Chalcedon. Very few questioned the Church's depictions of the nature of God. Two such mavericks, Michael Servetus (1509-1553) and Emanuel Swedenborg (1688-1772), in spite of their Christian educations, rejected the Church's creedal understanding of God and the Trinity. Although they lived in two different ages- the Reformation and Enlightenment, and there is no evidence that Swedenborg ever read or even knew of Servetus- the two men came to remarkably similar conclusions about the nature of God. Each scholar stated that the Trinity does not rest in three Persons, but rather takes form in the single person of Jesus Christ, the visible God.

The new edition of Bainton's classical study on Servetus

30/04/2005

By Jaume de Marcos, Co-Founder of the Unitarian Universalist Society from Spain

Now the new edition of Bainton's classical study on Servetus, "Hunted Heretic", may also be purchased online through the bookstore of the Unitarian Universalist Association.

Hunted Heretic: The Life and Death of Michael Servetus, 1511-1553

Roland H. Bainton, UUHS, Blackstone Editions, $20.00 Classic biography of Servetus, the famous Reformation-era theologian and physician executed for heresy in John Calvin's Geneva.

This new and updated edition includes an introduction by leading Servetus scholar Ángel Alcalá, a short biography of Bainton and an English translation of the Latin "Historia Mortis Serveti," an account of the death of Servetus from 1554.

Serveto, en la vida de Casiodoro de Reyna

28/04/2005

Por Miguel Ángel Pascual Ariste, co-fundador de la Servetus International Society

Casiodoro Reyna, nació hacia 1520 en Montemolín (entonces Reino de Sevilla, actualmente Extremadura), él se autodenomina “Cassiodorus Reinius Hispanus Hispalensis”, esto es, español de Sevilla, en una Biblia que dedicó al ayuntamiento de Frankfort de Meno, donde pidió y le concedieron la ciudadanía y falleció en 1594. Abandonó el monasterio jerónimo de San Isidoro del Campo, próximo a Sevilla, en 1557, al descubrirse la comunidad protestante Sevillana, fijando su residencia en Ginebra. Su deseo de ponerse a salvo de la Inquisición, diferencias con los calvinistas, las intrigas de Felipe II (que puso espías cerca de él y precio a su cabeza), necesidades económicas y la impresión de su traducción de la Biblia ( la primera completa al castellano a partir del hebreo y el griego ) le obligaron a cambios constantes de domicilio. Así lo vemos en Frankfort, Londres, Amberes, Bergerac, Castillo de Montargis, Basilea y Estrasburgo.

Nueva publicación del Instituto sobre Miguel Servet

18/04/2005

Noticia publicada en InstitutoMiguelServet.org

El Instituto de Estudios Sijenenses “Miguel Servet”, bajo el patrocinio de Ibercaja, acaba de publicar, en edición bilingüe español-inglés, el ensayo de la Dra. Ana Gómez Rabal: De Trinitatis Erroribus, una aproximación filológica a Miguel Serveto. Este estudio destaca de manera especial que Servet era consciente del poder de la interpretación filológica de los textos sagrados en la construcción de su propio sistema teológico, de ahí que recurriera frecuentemente a explicaciones sintácticas o morfológicas en apoyo de sus argumentos. Como el Dr. Pere J. Quetglas, catedrático de Filología Latina de la Universidad de Barcelona, destaca en su prólogo a la obra, “lo que la Dra. Ana Gómez Rabal nos va a ofrecer en estas páginas es toda una serie de primicias sobre los aspectos filológicos de la obra de Miguel Servet extraídos de su tesis doctoral. Se trata en ocasiones de observaciones minuciosas, siempre interesantes que delatan la presencia de una sagaz filóloga perfectamente capaz de ofrecer también una visión global del personaje y de hacerlo con amenidad.”

Ana Gómez Rabal se licenció en Filología Clásica por la Universidad de Barcelona en 1992. Ha trabajado en el mundo editorial como traductora, fundamentalmente del latín, y como redactora. Desde el año 2003 es doctora en Filología Clásica también por la Universidad de Barcelona, tras haber defendido su tesis sobre la lengua de las primeras obras teológicas de Miguel Servet, dirigida por el Dr. Pere J. Quetglas y en gran parte publicada en el volumen II de la Obras completas de Miguel Servet, editadas por el Dr. Ángel Alcalá en la colección Larumbe, Clásicos Aragoneses (Zaragoza, 2004). Actualmente trabaja como investigadora contratada en la Institución Milá y Fontanals del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en Barcelona. Es Consejera Correspondiente del Instituto desde 1997.

Servet, quemado por caníbales con manteos

14/03/2005

Por RAÚL DEL POZO para elMundo.es

Voltaire resumió así el desdichado final de Miguel Servet: caníbales con manteos negros se apoderaron de él, de su dinero, y le quemaron a fuego lento para agradar a Calvino. Los jueces de Ginebra violaron los derechos de las naciones y destruyeron a un héroe de la conciencia libre, a un médico, que como después su paisano Cajal, revolucionó la medicina. El protestantismo tiene en la conciencia su Galileo, aquel baturro que se iba de la mojarra, con un ego incontenible y una genialidad cercana a Goya, o a Buñuel; como el de Calanda vivió entre la fe y la blasfemia. Llegó a decir que creer en la Santísima Trinidad era como adorar a un perro de tres cabezas.

«Nosotros –dijeron las cucarachas–, síndicos, jueces de las causas criminales en esta ciudad (Ginebra), visto el proceso hecho y formado ante nosotros a instancias de nuestro procurador criminal, contra ti, Miguel Servet, de Villanueva, en el reino de Aragón, en España, por el cual y por tus voluntarias confesiones en nuestras manos hechas y muchas veces reiteradas, y por los libros presentados ante nosotros, consta y resulta que tú, Servet, has enseñado doctrina falsa y plenamente herética. Te condenamos a ser atado y conducido al lugar de Champel y allí sujeto a una picota y quemado vivo juntamente con tus libros, hasta que tu cuerpo sea totalmente reducido a cenizas».

Orejudo contra la historia

13/03/2005

Por Rafael Conte para elPais.es

Una descripción de las luchas de poder dentro de la religión católica en tiempos de Lutero, siglo XVI, narrada con documentación y no carente de humor feroz. Historia, intriga y poder en las manos firmes de este filólogo.

Extraña carrera la de Antonio Orejudo (Madrid, 1963) que ha publicado con este último tres relatos inquietantes, muy distintos entre sí, como si fueran otros tantos bandazos, pero que los ha asestado de manera tan provocadora como inteligente y perfectamente pausada, cambiando de empresa editora cada vez, y con sus correspondientes dos premios anteriores y contradictorios, como si no quisiera casarse con nadie y ensayar cada uno de ellos como si fueran otras tantas explosiones. De hecho, estos libros vinieron separados por cuatro años de distancia, por dos editoriales muy distintas y por dos premios contrapuestos, uno a libro publicado y el otro a manuscrito: en efecto, Fabulosas narraciones por historias (en la benemérita Lengua de Trapo, 1996, que obtuvo el Tigre Juan para libro publicado) ya indicaba el camino, señalando la necesidad de sustituir la historia por la fábula para entenderla mejor; mientras que Ventajas de viajar en tren (Alfaguara, 2000) recibió el Premio Andalucía en manuscrito y parecía ser una novela más corta, más posmoderna, sobre la sustitución de la cultura actual por la basura universal que nos invade. En resumen, hasta hoy se presentaba como el dinamitero más actual de las letras españolas, como su provocador más autocrítico y feroz.

Sebastian Castellion (1515-63), vehemente defensor de Miguel Serveto

03/03/2005

Por Miguel Ángel Pascual Ariste, co-fundador de la Servetus International Society

La defensa generalizada de la libertad de expresión y opinión, tardaría mucho en aparecer en Europa. En el mundo helénico, estaba considerada una política peligrosa. Aristóteles se enfrentó con Alejandro Magno en el año 327 a.C., porque el Rey, en un momento de furor, había matado al historiador Callistenes, un sobrino suyo que se burlaba de la pretensión del Conquistador, que quería ser adorado como un dios. Aristóteles rechazaba la función del emperador universal, en el preciso momento en que se creaba el mayor imperio griego.

Aristóteles, censuró la monarquía universal de Alejandro Magno, como equivalente a una tiranía sin libertad. Sería, dice, "contra la naturaleza, que un sólo hombre sea jefe absoluto de todos los ciudadanos, siempre cuando la ciudad esté compuesta de hombres similares entre ellos”, pues en este caso "es justo que nadie mande, más que obedezca". El reino de la ley es pues preferible al reino de uno sólo, aún si es el mejor, porque querer el reino de la ley, es querer el reino exclusivo de Dios y de la Razón, mientras querer el reino de un hombre sólo es "querer también el reino de una fiera salvaje, pues el apetito irracional tiene carácter bestial y la pasión deforma el espíritu de los más virtuosos dirigentes”.