Villanueva de Sigena: El espíritu de Servet y la orden de Malta

16/07/2004

Fuente: Julio ALVIRA, DiariodelAltoAragon.es

El 20 de abril de 2004 el Alcanadre baja generoso. Su camino llega hasta un viejo puente medieval, ahora en desuso, que mantiene varias de sus arcadas pese al daño del tiempo y el líquido elemento. Luego sigue. Estamos en Villanueva de Sigena, la del monasterio, pero que conserva entre sus calles elementos de interés que justifican la visita, sin limitarse al medieval cenobio. Esta localidad está al pie de la carretera A-131, de Fraga a Huesca por Sariñena.

Entre los elementos de interés de Villanueva figura, lógicamente, la memoria de Miguel Servet, su hijo más ilustre. Se conserva su casa natal, convertida en un centro de estudios e investigación sobre su obra y figura. Se trata de un edificio construido en el siglo XVI que, a finales de la última década del siglo pasado fue restaurado para su actual fin con proyecto del arquitecto Antonio Sánchez Climent.

Cerca, la plaza con la iglesia y la figura del sabio sijenense, esculpida en piedra por M. Arcón, según reza al pie de la talla, en su parte posterior. Las cigüeñas acompañan a Servet en su eterna reflexión y con su peculiar sonido ilustran la agradable mañana de Villanueva de Sigena.

El convento y el científico. Son los puntos de referencia constante para esta localidad monegrina. Fundado en 1976 por Julio Arribas Salaberri, el Instituto de Estudios Sijenenses “Miguel Servet” tiene como objetivo el estudio científico y difusión de la figura de Miguel Servet, así como todas aquellas cuestiones relacionadas con el Real Monasterio de Sijena. En esta ocasión dejamos a un lado el convento, que merece capítulo aparte, y nos quedamos en el pueblo.

Las calles son líneas paralelas a distinta cota, acercando siempre a la parroquial, que ocupa la parte más alta del breve altozano sobre el que se levanta Villanueva. Otras, más cortas, las unen. A media mañana, una persona riega sus plantas y otra vuelve de la compra. La tranquilidad sólo se ve quebrada por el canto de los pájaros o las obras en una de sus calles. El cielo está muy azul y alguna breve nube se ve arrastrada por el viento.

Hay viviendas con portadas que enmarcan grandes dovelas, con o sin decoración. A veces, en la clave, figura una referencia temporal o el clásico Ave María. Hay fechadas en 1703, 1743, 1771 o 1780, por ejemplo. Uno de los edificios de la calle de la Diputación de Huesca presenta curiosas decoraciones en los marcos de sus ventanas con pequeñas cabezas humanas. Sobre la puerta, la cruz de Malta.

En la plaza, la iglesia y el monumento a Servet. Según Guitart Aparicio, la parroquial de Villanueva de Sigena pertenece a un grupo de templos del gótico tardío con unas características comunes. Son edificios de pequeñas dimensiones, una única nave, ábside poligonal y bóvedas estrelladas. Las portadas presentan arcos apuntados con capiteles muy escuetos o sin ellos. Así son las de Laperdiguera, Huerto, Lastanosa y Villanueva de Sigena. En el grupo entraría Sena, a excepción de la portada. Este autor sitúa su construcción en torno al año 1500. Nuestra parroquial de hoy presenta, también, la típica galería de arcos de ladrillo bajo la cubierta. Su torre es poco alta para la envergadura del conjunto y le da una imagen peculiar.

En el entorno de la villa-- tenemos dos elementos de interés: la ermita y el puente viejo. La cercana ermita de San Blas, sobre un cerro, domina una espectacular panorámica del valle del río Alcanadre, con el monasterio enfrente. Vale la pena acercarse sólo por contemplar estas vistas. El paraje, con pinos y una ermita de siglo XVIII, es lugar de romería para los habitantes de Villanueva. La iglesia es de una nave, con un curioso ábside rectangular. En la clave de las dovelas de su portada figura la cruz de Malta.

El puente viejo sobre el Alcanadre se encuentra a las afueras de la localidad, cerca de la carretera y junto a una obra reciente que permite el paso del cauce. En alguna publicación se ha escrito que este puente se terminó de construir en 1297. Antonio Naval, en cambio, no aporta fecha pero afirma que “es recomendable estudiarlo con detalle pues no hay que descartar la posibilidad de estar en presencia de obra bastante antigua”. Sin posibilidad de uso por haber perdido alguna de las arcadas su maltrecha imagen, pese a todo, deja constancia de encontrarnos ante una obra de envergadura simplemente mirando como mero observador. El tiempo no perdona. El Alcanadre sigue haciendo su trabajo. Como apuntó el escritor Antón Castro hace un tiempo en uno de sus artículos, ¡qué sola va y viene el agua!