Contexto histórico

Durante esta época se sucedieron en España muchos acontecimientos que propiciarían que un joven tan responsable decidiera reflexionar sobre aspectos de la religión. Los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, ocupaban el trono decididos a garantizar la unidad política de su nuevo estado a través de la uniformidad religiosa. Un halo de la ortodoxia más intransigente controlaba el gobierno. En 1492, 800.000 judíos habían sido desterrados del reino por no haber renegado de la fe de sus padres y profesar el cristianismo. El mismo año, los árabes habían sido derrocados en Granada, y aunque durante un tiempo se les garantizó tolerancia, pronto fueron obligados a escoger entre abandonar su religión mahometana o ser expulsados de España. En ambos casos fue el dogma de la Trinidad el que supuso un obstáculo infranqueable para unas razas que mantenían como primer artículo de su fe la unidad indisoluble de Dios. Durante la niñez de Miguel Servet, unas 20.000 víctimas, judías o mahometanas, fueron quemadas en la hoguera. A pesar de la resistencia de los aragoneses defensores de la libertad, la Inquisición también se establecería entre ellos para erradicar la herejía. Todos estos hechos debieron causar una profunda impresión a la mente del joven Miguel Servet, y puede que sentaran las bases de la principal pasión de su vida.